

Mo Hayder
El latido del pájaro
Traducción de María Beneyto
Título de la edición original: Birdman
CAPÍTULO I
Greenwich Norte. Finales de mayo. Tres horas antes del amanecer, el río está desierto. Amarradas, las oscuras gabarras se balancean mientras la marea disuelve lentamente el lodazal donde han pasado la noche. La neblina se levanta, avanza tierra adentro, rebasa los sombríos barcos, el solitario Millenium Dome y, a través de parajes desolados y extraños paisajes lunares, se detiene envolviendo un fantasmagórico desguace medio abandonado.
De repente todo se ilumina. Un coche policial, con las luces azules destellando, se acerca por la calle de servicio. Durante veinte minutos siguen llegando policías: ocho coches, dos Ford Sierra sin distintivos y la furgoneta blanca del equipo forense. En la calle se dispone un control y un destacamento local impide el acceso por el río. El primer agente del CID llega al cruce de Croydon preguntando por los números de busca de los miembros del AMIP, departamento de investigación de la zona. Diez kilómetros más allá es despertado el detective inspector Jack Caffery, AMIP equipo B, que estaba durmiendo tranquilamente en su cama.
Acostado, parpadea en la oscuridad, intenta poner en orden sus pensamientos y lucha contra el deseo de darse la vuelta y dormirse de nuevo. Hace un esfuerzo, inspira profundamente, se levanta de la cama y se dirige al cuarto de baño para lavarse la cara. No más whiskis estando de servicio, Jack. Lo juro, de veras, lo juro. Y empieza a vestirse parsimoniosamente. Mejor llegar despejado y tranquilo. La corbata, no muy chillona; a los del CID les fastidia que alardeemos más que ellos. Él busca. Y café. Mucho café instantáneo con azúcar y sin leche, nada de leche y, sobre todo, no comas: nunca sabes lo que tendrás que ver. Toma dos tazas y busca las llaves del coche en el bolsillo de sus tejanos.
