Laurell K. Hamilton


El Legado De Frost

Meredith Gentry 06

CAPÍTULO 1

ESTABA SENTADA EN UNA ELEGANTE SALA DE CONFERENCIAS ubicada en lo alto de una de las torres más relucientes del centro de Los Ángeles. La pared más lejana de la sala era casi completamente de cristal, por lo que la vista era casi agorafóbica. Se había pronosticado que si el “Más Grande”, es decir, un gran terremoto golpeara en esta zona de L.A., la ciudad quedaría sepultada bajo un espesor de 2,5 a 4,5 metros de esquirlas de cristal. Cualquier cosa o persona en las calles de abajo sería hecha picadillo, aplastada, o atrapada bajo de un alud de cristal. No era un pensamiento muy bonito, pero éste era un día para tener pensamientos feos.

Mi tío Taranis, Rey de la Luz y la Ilusión, había presentado cargos contra tres de mis guardaespaldas reales. Había acudido a las autoridades humanas acusando a Rhys, Galen y Abe de haber violado a una de las mujeres de su corte.

En toda la larga historia de su reinado en la Corte de la Luz, Taranis nunca había acudido a los humanos para que impartieran justicia. Regla feérica; ley feérica. O más bien, regla sidhe; ley sidhe. Los Sidhe habían gobernado a las hadas durante más tiempo del que nadie podía recordar. Ya que algunas de esas memorias se remontan a miles de años atrás, tal vez los sidhe siempre habían ocupado el cargo, pero eso me sonaba como una mentira. Los sidhe no mienten, porque mentir, equivale realmente a ser expulsado de la tierra de las hadas, a ser exiliado. Dado que yo sabía que los tres guardaespaldas en cuestión eran inocentes, esto originaba unos problemas bastante interesantes con el testimonio de Lady Caitrin.

Pero hoy sólo declarábamos, y según como fuera, el rey Taranis estaba preparado para intervenir mediante una llamada en grupo. Era por esa razón que Simon Biggs y Thomas Farmer, ambos de Biggs, Biggs, Farmer, y Farmer, estaban sentados a mi lado.



1 из 272