
– De acuerdo -dijo-. Seguiré con las preguntas. ¿Con cuántos hombres a la vez duerme usted rutinariamente? -Agitó la cabeza mientras preguntaba, como si no pudiera creer lo que estaba preguntando.
– No creo que esto sea apropiado -dijo Biggs.
– Contestaré -dije.
– ¿Está usted… segura?
– Es sexo. No hay nada malo en el sexo. -Sostuve la mirada de Biggs hasta que él apartó la suya. Me volví hacia Veducci-. La media es probablemente de dos a la vez. Creo que el máximo al mismo tiempo ha sido con cuatro. -Miré a Doyle y a Frost-. ¿Cuatro? -dije, convirtiéndolo en una pregunta.
– Eso creo -dijo Doyle.
Frost asintió con la cabeza.
– Sí.
Me volví a los abogados.
– Cuatro, pero dos es el promedio.
Biggs se recuperó un poco.
– Entonces, como pueden ver, señores, señoras, eso da una espera de dos días por sexo, o menos. Hay hombres casados que tienen que esperar más tiempo para que sus necesidades sean satisfechas.
– Princesa Meredith… -dijo Cortez.
– Sí, Sr. Cortez. -dije mirándome en sus ojos marrón oscuro.
Él carraspeó y dijo…
– ¿Nos está diciendo la verdad? Que mantiene relaciones sexuales unas tres veces por día, con un promedio de dos hombres a la vez, y a veces incluso hasta cuatro. ¿Es esto lo que usted quiere que quede reflejado en acta?
– Está sellada -dijo Farmer.
– Pero si esto llega a los tribunales, entonces podría no estarlo. ¿Es esto realmente lo que la princesa quiere que el público sepa sobre ella?
Le miré con el ceño fruncido.
– Esa es la verdad, Sr. Cortez. ¿Por qué debiera molestarme la verdad?
– ¿Honestamente no entiende lo que esta información podría hacerle a su reputación en los medios?
– No entiendo la pregunta.
