

John Connolly
El Libro De Las Cosas Perdidas
Este libro está dedicado a una persona adulta, Jennifer Ridyard, y a Cameron y Alistair Ridyard, que serán adultos antes de lo que nos gustaría.
Porque en cada adulto mora el niño que fue, y en cada niño espera el adulto que será.
Encuentro un significado más profundo en los cuentos de mi infancia que en las verdades que enseña la vida.
Friedrich Schiller (1759-1805)
Todo lo que puedas imaginar es real.
Pablo Picasso (1881-1973)
I. Sobre todo lo que se encontró y todo lo que se perdió

Érase una vez, porque así es como deberían empezar todas las historias, un niño que perdió a su madre.
En realidad, llevaba ya mucho tiempo perdiéndola, puesto que la enfermedad que la estaba matando era un enemigo sigiloso y cobarde que se la comía por dentro, que consumía lentamente su luz interior, de modo que perdía el brillo de los ojos con cada día que pasaba y tenía la piel cada vez más pálida.
A medida que la enfermedad se la iba robando poco apoco, el miedo del niño a perderla del todo crecía en consonancia. Quería que se quedara. No tenía hermanos ni hermanas y, aunque amaba a su padre, sería justo reconocer que amaba más a su madre y no soportaba la idea de vivir sin ella.
El niño, que se llamaba David, hizo todo lo que pudo por mantenerla viva. Rezó. Intentó ser bueno, para que ella no tuviera que ser castigada por los errores que cometía él. Caminaba de puntillas por la casa procurando no hacer ruido, y bajaba la voz cuando jugaba a la guerra con sus soldaditos de plomo.
