repitieron sus mediciones, y volvió a producirse el mismo desajuste. esto les hizo pensar que aquella diferencia de superficie debía de corresponder a un espacio que, con el tiempo, se clausuró por alguna razón ya olvidada. por medio de tanteos y prudentes perforaciones lograron hallar la cámara prevista. en ella se encontraba un cúmulo de manuscritos y libros preciosos, los más recientes con cerca de cinco siglos de existencia, en un estado de conservación mejor de lo imaginable, gracias a la virtual ausencia de agentes erosivos, si se exceptúan algunos insectos y alguna humedad acaso anterior al siglo XVI.

entre ellos estaban -y hago alusión porque la historia es muy amiga de las simetrías- las memorias de abdalá, el último rey zirí de granada, destronado por el almorávide yusuf -predecesor del constructor de la karauín-, y muerto en agmat en circunstancias semejantes a las del rey de sevilla almutamid. hubo algo, sin embargo, que llamó especialmente la atención de los arquitectos, personas curiosas, pero no expertas en materia de paleografía. se trataba de unos manuscritos que destacaban de los demás por dos razones: por estar encuadernados a la perfección, como si una mano cuidadosa los hubiese depositado allí con esmero, y por su color carmesí, que el tiempo no había apenas empalidecido.

la ordenación de los hallazgos de la karauín duró mucho, y no todas las manos que en ella intervinieron fueron tan honradas como habría sido de desear. desaparecieron numerosos manuscritos de valor histórico incalculable.



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