
Garrett
Capítulo Dos
– ¿Estuviste llorando? -preguntó Deanna cuando Theresa llegó al porche trasero con la botella y el mensaje en la ruano.
Theresa se sintió avergonzada y se limpió los ojos mientras la mujer dejaba el diario y se levantaba de su asiento. Aunque tenía sobrepeso, y así había sido desde que Theresa la conocía, se movió rápidamente para rodear la mesa con expresión preocupada.
– ¿Te sientes bien? ¿Qué te ocurrió? ¿Estás herida? -tropezó con una de las sillas mientras se acercaba a tomar una de las manos de Theresa.
Ella negó con la cabeza.
– No me pasó nada, créeme. Me siento bien, de verdad. Es sólo que acabo de encontrar esta carta. Estaba dentro de una botella que arrojó el mar a la playa. Cuando la abrí y la leí… -se apartó un mechón que el viento le había volado a la cara-, me llegó muy hondo. Tal vez es una cosa tonta, lo sé -se enjugó una lágrima, le dio la carta a Deanna y se acercó a la mesa de hierro forjado de donde su amiga se había levantado-. Pero no pude evitarlo.
Deanna leyó la carta con lentitud y cuando la terminó miró a Theresa. También tenía húmedos los ojos.
– Es… hermosa -comentó por fin-. Es una de las cartas más conmovedoras que he leído.
– Eso fue lo que pensé.
Deanna acarició con los dedos las letras del escrito y se detuvo un momento.
– Me pregunto quiénes serán. Y por qué razón lanzarían al mar esta botella.
– No tengo idea.
– ¿No tienes curiosidad?
El hecho era que Theresa sí tenía curiosidad. Después de leerla la primera vez, la releyó y luego la leyó una tercera vez. Y se preguntó qué se sentiría que alguien la amara de ese modo.
– Una poca, pero ¿qué puedo hacer? No hay modo de que lo sepamos jamás.
– ¿Qué harás con ella?
