Después del atardecer los tres fueron en auto hasta Hyannis y cenaron en Sam’s Crabhouse. El lugar estaba atestado y tuvieron que esperar durante una hora para que les asignaran una mesa, pero los deliciosos cangrejos al vapor y la salsa de mantequilla derretida bien valían la pena. La mantequilla había sido sazonada con ajo y entre los tres se tomaron seis cervezas en dos horas.

Poco antes de terminar de cenar, Brian les preguntó acerca carta que venía en la botella.

– La leí cuando regresé de jugar al golf. Deanna la pegó en el refrigerador con un imán.

Deanna se encogió de hombros y se volvió a Theresa con una expresión de “Te lo dije” en los ojos, pero no comentó nada.

– Me parece que es una carta muy especial. Tiene tanta tristeza… -continuó Brian.

– Lo sé -respondió Theresa-. Así me sentí cuando la leí.

– ¿Sabes dónde queda Wrightsville Beach?

– No. Nunca la había oído mencionar.

– Está en North Carolina -explicó Brian mientras buscaba un cigarrillo en la bolsa de su camisa-. Fui a jugar al golf ahí una vez. Sus campos son maravillosos. Un poco planos, pero se puede jugar bien en ellos.

– Como puedes ver, para Brian, todo tiene relación con el golf -comentó Deanna alegremente.

Él encendió el cigarrillo y aspiró.

– Wrightsville Beach es una isla que está frente a la costa, cerca de Wilrnington -dijo al tiempo que exhalaba elhumo-. Hay muchas construcciones, pero las playas son hermosas, con arena blanca y aguas tibias. Es un estupendo lugar para pasar una semana, si tienes oportunidad.

Theresa no respondió y Deanna dijo con un tono travieso:

– Así que ahora ya sabernos de dónde es nuestro escritor misterioso y enamorado.

Theresa se encogió de hombros.

– Supongo que sí, pero no hay modo de estar seguros. Pudo haber sido un sitio en el que ellos estuvieron de vacaciones o que visitaron. No significa que él viva ahí.



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