En el interior había tres cartas dobladas con sumo cuidado, cartas que había leído más veces de las que podía recordar.

Él usó una pluma fuente para escribirlas y se veían manchas en varios lugares en los que la pluma había goteado. El papel de la carta, con la imagen de un velero en la esquina superior derecha, comenzaba a cambiar de color con el paso del tiempo. Sabía que llegaría el momento en que sería imposible leerlas, pero tal vez después de ese día ya no sentiría la necesidad de regresar a ellas con tanta frecuencia.

Cuando terminó de leerlas las volvió a meter en el sobre de manera tan meticulosa como las había sacado. Después de poner el sobre en la bolsa, miró de nuevo la playa. Desde donde estaba sentada podía ver elsitio en el que todo eso había comenzado.

Recordó que en cuanto amaneció se fue a correr. Era el inicio de un hermoso día de verano. Iba percibiendo poco a poco el mundo a su alrededor: oía el chillido agudo de las golondrinas de mar y el suave golpeteo de las olas que rompían en la arena. Aunque estaba de vacaciones, se había levantado a correr muy temprano para no tener que cuidarse de ver por dónde pasaba. En unas cuantas horas la playa estaría llena de turistas tendidos sobre sus toallas bajo el cálido Sol de Nueva Inglaterra, recibiendo sus rayos. Cape Cod siempre se encontraba repleto en aquella época del año, pero la mayor parte de los paseantes solían dormir hasta más tarde y Theresa disfrutaba de la sensación de correr por la dura y lisa arena que quedaba al bajar la marea. Lo consideraba como un tipo de meditación, por lo que le gustaba hacerlo a solas.

Aunque adoraba a su hijo, se sentía feliz de no tenerlo a su lado. Todas las madres necesitan un descanso de vez en cuando y ansiaba tranquilizarse mientras estuviera ahí. Sin partidos vespertinos de fútbol ni reuniones de natación ni el canal MTV siempre sonando estrepitosamente en el fondo, sin tareas en las que tuviera que ayudarlo. Tres días antes había llevado a Kevin al aeropuerto para que tomara un avión y fuera a visitar a su padre, su ex marido, en California, y sólo cuando ella se lo recordó, él se dio cuenta que no le había dado un beso de despedida.



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