
Cuando llegaron a la comisaría le dijo a Gallo que bajara del coche, se sentó al volante y prosiguió camino hacia Marinella. Mientras se afeitaba, recordó la cuestión de la cama del muerto. Si ambas plazas habían sido utilizadas, significaba que alguien estaba acostado al lado de Gerlando Piccolo antes del asesinato o en el transcurso del mismo. Por consiguiente, aparte de la sobrina Grazia, que había entrado en la estancia cuando ya todo estaba hecho, tenía que haber un testigo directo del homicidio. Había olvidado preguntarle a la sobrina qué sabía de los encuentros nocturnos de su tío Gerlando. Un error gravísimo que jamás habría cometido si no hubiera sabido que tenía que pasarle el testigo a los verdaderos «encargados de las investigaciones». Que se jodieran.
Fazio, con expresión enfurecida, recordó que era la hora de comer.
– ¿YGalluzzo, dónde está?
– Como lo han sellado todo y la sobrina no sabe adónde ir, Galluzzo ha telefoneado a su mujer para preguntarle si podía llevar a la muchacha a su casa, y ésta le ha dicho que sí. Después ha ido a llamar a un médico porque la pobre chica, después del interrogatorio al que la han sometido el fiscal Tommaseo y el dottor Gribaudo, estaba totalmente aturdida. Volverán a interrogarla mañana por la mañana.
– ¿Se la llevan a Montelusa?
Fazio pareció turbarse.
– No, señor, aquí. El dottor Gribaudo me ha dicho que si le podemos preparar un dormitorio.
– Pues prepáraselo.
– ¿Cuál? Si ni siquiera tenemos sitio para…
– ¡Alto ahí! ¿Has olvidado el proverbio? «En la casa cabe lo que quiere el amo.» Prepárale el cuartito que hay al lado del lavabo.
– Pero¡si es un trastero! ¡Está lleno de papeles colocados de cualquier manera!
– Pues hazle un poco de sitio, ¿de acuerdo? Por cierto, tengo una curiosidad. ¿Le han preguntado a Grazia cómo explica ella que el otro lado de la cama haya sido utilizado?
