
– Tal vez no deberías beber. No quisiera que te multaran por exceso de alcohol, especialmente si vas con un pasajero a bordo -dijo cuando llegó junto a ella al tiempo que le tendía la copa.
Tras beber un sorbo, Matty se la devolvió.
– ¿Quieres dejarla sobre la mesa, por favor? ¿Conoces a Toby?
– No, no he tenido el placer -dijo arrodillándose tras dejar las copas en la mesa-. Aunque he oído hablar mucho de ti. Encantado de conocerte -dijo al tiempo que le tendía la mano-. Soy Sebastian.
El niño se la estrechó con formalidad.
– Yo me llamo Toby Dymoke. Tengo el mismo nombre de mi padre y también el mismo apellido de mi nuevo papá. ¿Sabes?, ellos son hermanos. Y yo también tengo una hermana.
– ¿De veras? Yo tengo tres hermanas, aunque ya no son pequeñas. Las tres son mayores que yo y me hicieron pasar muchos malos ratos.
Cuando Toby se escurrió de la falda de Matty para alejarse rápidamente hacia el jardín, se produjo un silencio.
– ¿Tres hermanas? ¿Y te hicieron pasar malos ratos? -repitió Matty, finalmente.
– Hasta el día de hoy. Deberías haberlas visto en el funeral de George. Sólo porque soy su albacea testamentario me culparon por esa «comedia de absoluto mal gusto». Lo digo literalmente. Y además porque no había jerez.
Matty intentó ocultar la risa, aunque sin éxito.
– Lo siento, la situación no es para reírse. ¿Y tus padres?
– Bueno, recuerdo que mi madre bebió su copa de champán con cara de tragedia y mi padre se limitó a carraspear antes de decir que aquello era un despropósito.
– Así que tus hermanas fueron una molestia y tú el hermano perfecto. ¿Nunca pusiste huevas de rana en su crema para la cara?
– ¿Huevas de rana?
– Olvida lo que he dicho. Eso es para las madrastras malvadas.
– ¿Le hiciste eso a tu madrastra?
– Le hice de todo. No soy una chica buena.
– Eso depende de las razones que te incitaron a ello.
