¿Pero quién fabrica vuestras espadas de acero brillante? ¡Nosotros, los Gdemiar! Vuestros jefes vienen aquí, a los Campos de Arcilla, compran sus espadas y se alejan sin mirar ni comprender. Pero ahora tú estás aquí, podrás mirar, podrás observar algunas de las maravillas infinitas de nuestra raza: las luces que arden por siempre, el carro que se impulsa a sí mismo, las máquinas que hacen nuestras ropas y cuecen nuestros alimentos y purifican nuestro aire y nos sirven en todo. Debes saber que todas estas cosas están más allá de tu entendimiento. Y tenlo presente: ¡nosotros, los Gdemiar, somos amigos de aquellos a los que llamáis Señores de las Estrellas! Con ellos hemos ido a Hallan, a Roohan, a Hul-Orren, a todas vuestras mansiones, para ayudarlos a entenderse con vosotros. Los Señores a quienes los orgullosos Angyar pagáis tributo son nuestros amigos. Ellos nos favorecen tal como nosotros los favorecemos. Pues bien, ¿qué significa para nosotros tu agradecimiento?

— Esto lo debéis contestar vosotros — repuso Semley —, no yo. Te he hecho mi pregunta, contéstala, Señor.

Por un instante los siete se agruparon para hablar y callar luego. Las miradas la buscaron, la evitaron, el silencio se adensó. Una muchedumbre se agrupaba en torno a ellos, crecía con rapidez y sin ruidos. Repentinamente Semley estuvo rodeada de centenares de opacas cabezas negras, hasta que se cubrió de gente todo el suelo de la caverna resonante, excepto un pequeño espacio cercano a la Señora de Hallan. La bestia alada se agitaba, entre el temor y el enojo demasiado tiempo reprimidos, y sus ojos se dilataban como cuando un animal de su especie se veía obligado a volar de noche. Semley acarició la tibia piel de la cabeza, murmurando:

— Tranquilízate, mi valiente señor del viento…

— Angya, te llevaremos hasta donde está el tesoro. — Una vez más le había hablado el gredoso de la cara blanca y diadema de acero —. No podemos hacer otra cosa. Deberás venir con nosotros en demanda del collar, hasta donde están quienes ahora lo poseen. La bestia alada no podrá acompañarte. Debes partir sola.



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