Luz Marina Falco Cooper permanecía sentada junto a la ventana, con el mentón apoyado en las rodillas. De vez en cuando contemplaba el mar, la lluvia y las nubes a través del grueso cristal verdoso. En ocasiones miraba el libro que tenía abierto a su lado y leía unos párrafos. Luego suspiraba y volvía a mirar por la ventana. El libro no le resultaba interesante.

Era una verdadera pena. Se había hecho muchas ilusiones. Hasta entonces nunca había leído un libro.

Siendo hija de un Jefe, obviamente había aprendido a leer y a escribir. Además de memorizar lecciones en voz alta, había copiado preceptos morales y, con una estrafalaria estructura de volutas y el encabezamiento y la firma con trazos muy grandes y rígidos, era capaz de escribir una carta aceptando o rechazando una invitación. En la escuela utilizaban pizarras y los cuadernos de ejercicios que las maestras preparaban a mano. Luz nunca había tocado un libro. Eran demasiado preciosos para usarlos en la escuela y en el mundo sólo existían contados ejemplares. Se guardaban en los Archivos. Esa tarde, al entrar en el vestíbulo, vio una cajita marrón sobre la mesa baja; levantó la tapa para ver qué contenía y descubrió que estaba llena de palabras. Palabras ordenadas y diminutas, con las letras del mismo tamaño…, ¡qué paciencia había que tener para hacer todas las letras iguales! Un libro, un libro de verdad, procedente de la Tierra. Su padre debió dejarlo allí. Luz lo tomó, lo llevó al asiento de la ventana, volvió a abrir la tapa con cuidado y, con gran lentitud, leyó los diversos tipos de palabras de la primera hoja de papel.


PRIMEROS AUXILIOS MANUAL DE ASISTENCIA DE URGENCIA PARA HERIDAS Y ENFERMEDADES M. E. Roy, Dr. La Imprenta de Ginebra


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