
—¡La resistencia es inútil, tenemos que negociar! Si se incorpora la violencia de hecho o de palabra, la verdad se pierde…, nuestra vida en el Arrabal, nuestra libertad quedarán arrasadas. ¡Imperará la fuerza, como ocurrió en la Tierra!
—Elia, en la Tierra no imperó para todos, sino para aquellos que consintieron en servirla.
—La Tierra arrojó a nuestros padres, los expulsó —intervino Lev. Su rostro estaba encendido y su voz adquirió el tono brusco y anhelante de las cuerdas graves de un arpa tañida con excesiva presión—. Somos extraterrados, hijos de proscritos. ¿No dijo el Fundador que el proscrito es el alma libre, el hijo de Dios? Nuestra vida en el Arrabal no es una vida libre. En el nuevo asentamiento del norte seremos libres.
—¿Qué es la libertad? —preguntó Joya, una mujer bella y morena que estaba junto a Elia—. No creo que se acceda a la libertad por el camino del desafío, la resistencia, las negativas. La libertad te acompaña si recorres la senda del amor. Si aceptas todo, todo te será dado.
—Nos han dado un mundo entero —dijo Andre con su voz suave—. ¿Lo hemos aceptado?
—El desafío es una trampa, la violencia es una trampa, debemos rechazarlas…, y eso es exactamente lo que hacemos —aseguró Lev—. Obtendremos la libertad. Los Jefes intentarán detenernos. Apelarán a la fuerza moral y quizá recurran a la fuerza física. Ya sabemos que la fuerza es el arma de los débiles. Si confiamos en nosotros mismos, en nuestros propósitos, en nuestra fortaleza… ¡Si nos mantenemos firmes, todo el poder que ejercen sobre nosotros se desvanecerá como las sombras cuando el sol apunta!
—Lev —dijo en voz baja la mujer morena—, Lev, vivimos en el mundo de las sombras.
2
Los nubarrones se desplazaban en hileras largas y difusas por encima de Bahía Songe. La lluvia tamborileaba sin cesar sobre el techo de tejas de Casa Falco. En el extremo de la casa, en las cocinas, se percibía el sonido distante de la vida que bullía, de las voces de los criados. Ningún otro sonido ni otra voz: sólo la lluvia.
