
Pero arrastraba la maldición de ser una mujer poco propensa al rechazo o la crueldad.
– Me voy, Brendan -se limitó a decir-. Mi mamá me está esperando para cenar.
Volvió sobre sus pasos.
Oyó que él la seguía.
– Te acompañaré -dijo Brendan-. No deberías andar sola por aquí.
– Está demasiado lejos. Además, ibas en dirección contraria.
– Por el sendero -replicó, con tal seguridad que su respuesta parecía ser el summum de la lógica-. A través del prado. Saltando los muros. No vine por la carretera. -Adaptó su paso al de ella-. Tengo una linterna -añadió, y la sacó del bolsillo-. No deberías caminar de noche sin una linterna.
– Solo son dos kilómetros, Brendan. No hay peligro.
– Por si acaso.
Polly suspiró. Quería explicarle que no podía caminar con ella por la oscuridad. Les vería gente. Malinterpretaría la situación.
Pero sabía por adelantado cuál sería su respuesta. Pensarán que vuelvo a casa, diría. Cada día salgo a pasear.
Qué inocente era. Qué poco sabía de la vida en los pueblos. Qué poco importaría a cualquiera que les viera el hecho de que Polly y su madre habían vivido veinte años en la casa provista de gabletes que se encontraba situada en la boca del camino que conducía a Cotes Hall. Nadie se detendría a pensar en ello, o a pensar que Brendan estaba verificando la marcha de los trabajos en la mansión, con vistas a mudarse con su mujer. «Cita nocturna», sería la descripción de los lugareños. Rebecca se enteraría. Armaría un escándalo.
Claro que Brendan ya estaba pagando caro su error. Polly no albergaba la menor duda. Había visto lo bastante a Rebecca Townley-Young durante su vida para saber que casarse con ella, aun en las mejores condiciones, sería muy poco gratificante.
Por lo tanto, entre otras cosas, sentía pena por Brendan, y por eso le permitía sentarse con ella en el Crofters Inn por las noches, y por eso ahora continuaba caminando por la cuneta, la vista clavada en la brillante luz que proyectaba la linterna de Brendan. No intentó entablar conversación. Tenía una idea bastante aproximada de cómo acabaría cualquier conversación con Brendan Power.
