Aquello sucedió cuando las naves enormes en forma de mariposa del Cuerpo llegaron como un enjambre sobre sus alas magnéticas, rodeando aquel gigantesco cuerpo celeste condenado a ser destruido, lanzando sobre él el terrorífico poder de los rayos láser, disparando torrentes de energía en la frecuencia de los rayos gamma, hasta que el influjo alcanzó intensidades insoportables, y hasta…

Los dientes de Tavernor apretaron la pipa conforme la casa, con el mismo efecto instantáneo de una habitación a oscuras en la que se enciende una lámpara, los bosques circundantes, las cadenas montañosas de la lejanía y todo el cielo, en fin, aparecieron bañados de una terrible luz blanca. Procedía de la estrella Neilson; que entonces era un punto de luz tan cegador que obligaba a los ojos a apartarlos de ella. Incluso a la distancia de siete años luz, la furia inicial de la nova podía achicharrar la retina de un ser humano. «Perdónanos», pensó Tavernor, «por favor, perdónanos».

El bosque permaneció en calma durante unos instantes, como inmovilizado por aquel espantoso impacto intangible de la nova, para inmediatamente conmoverse hasta sus cimientos en protesta contra aquel suceso innatural. Millones de alas batieron el aire en una especie de explosión difusa. El torrente de luz que caía de arriba desde el cielo transformado, parecía oscurecido momentáneamente conforme cada criatura capaz de volar se proyectaba en el aire, en busca de una desesperada seguridad o refugio. Su desafío a la gravedad dio a Tavernor la sensación de que era él quien se estaba hundiendo, y entonces el sonido le alcanzó. Gritos, chillidos, silbidos, rugidos, todo ello combinado con el batir de millones de alas, el de las hojas de los árboles, el de las patas de los animales que huían por todas partes, seguidos por…



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