
En un cielo semejante, incluso una estrella de primera magnitud resultaba difícil de apreciar; pero Tavernor sabía exactamente dónde mirar. Sus ojos se dirigieron rápidamente a la bella y esplendorosa lucecita vacilante de la estrella Neilson. Casi a siete años luz de distancia, parecía perdida en el calidoscopio del cielo nocturno de Mnemosyne; pero su insignificancia iba a ser pronto una cosa del pasado.
Conforme los segundos finales iban pasando, crecía la tensión nerviosa interna de Tavernor hasta hacérsele insoportable. Después de todo, lo sucedido había tenido lugar siete años atrás. «Estoy prestando demasiada atención a esto», se dijo a sí mismo. Aquello había sucedido cuando el Cuerpo de Ingeniería Estelar de la Tierra (la enorme egolatría del título nunca dejaba de desalentar a Tavernor)
había seleccionado la estrella Neilson, notando con aprobación que era del tipo clásico para su propósito. Una binaria próxima, habían difundido los informes popularizados al respecto. La componente principal, gigante en la secuencia del diagrama de Hertzsprung-Russell, y la secundaria, pequeña y densa; planetas, ninguno. Pronóstico para modificación: excelente.
