Thomas Pitt, el cuñado de Emily, era policía. Su hermana Charlotte se había casado con alguien con una posición social bastante inferior, y aunque había perdido el bienestar social y económico al que estaba acostumbrada, no se había arrepentido ni por un segundo. Era Emily, por el contrario, quien envidiaba las oportunidades que Charlotte había tenido de implicarse en alguno de sus casos. Emily tenía la sensación de que hacía mucho que no había compartido una aventura, el peligro, la emoción, la rabia y la pena. Eso hacía que en cierto modo se sintiera menos viva.

Rasgó el sobre y leyó el papel que había dentro.


Querida Emily,

Lamento mucho tener que contarte que Charlotte ha recibido hoy una carta del padre Tyndale, un sacerdote católico que vive en Connemara, un pueblecito al oeste de Irlanda. Es el párroco de Susannah Ross, la hermana menor de tu padre, quien ha enviudado de nuevo; el padre Tyndale dice que ahora está muy enferma. De hecho es muy probable que esta sea su última Navidad.

Sé que ella se distanció de la familia en unas circunstancias bastante tristes, pero no deberíamos permitir que pase estas fechas sola. Tu madre está en Italia, y desgraciadamente Charlotte tiene una bronquitis muy severa; por eso te escribo, para preguntarte si podrías ir tú a Irlanda para estar con Susannah. Me doy cuenta de que ello supone un gran sacrificio; sin embargo, no hay nadie más.

El padre Tyndale dice que no será por mucho tiempo, y que serías bienvenida en casa de Susannah. Si le contestas a la dirección adjunta, él irá a recogerte a la estación de Galway, a la hora que le digas. Por favor, no tardes más de un par de días. No hay tiempo para vacilaciones.



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