
– Nunca me ha gustado ver llamas en mi cocina -admitió con una sonrisa avergonzada-. Hola, Julian. ¿Qué noticias nos traes de Broughton y de las regiones más alejadas?
Era el recibimiento habitual. Julian le dio la respuesta habitual.
– Todo va bien para los honrados y virtuosos, pero en cuanto al resto de la humanidad… Olvídalo.
Andy se alisó su bigote grisáceo y observó al joven con afecto, mientras Christian-Louis pasaba la fuente de crème brûlée por una ventanilla de servicio que daba al comedor.
– Maintenant, on en a fini pour ce soir -dijo, y empezó a quitarse el delantal blanco, manchado con las salsas de la noche.
– Vive la France -dijo con ironía Andy cuando el francés desapareció en el pequeño vestuario, y puso los ojos en blanco-. ¿Vienes a tomar un café? -propuso a Julian-. Tenemos un grupo en el comedor, y todos los demás están en el salón, para tomar las copas y todo eso.
– ¿Algún huésped esta noche? -preguntó Julian.
Maiden Hall, una antigua casa de campo utilizada en otro tiempo como pabellón de caza por una rama de la familia Saxe-Coburg, contaba con diez habitaciones. Todas habían sido decoradas de forma diferente por la esposa de Andy cuando los Maiden escaparon de Londres una década antes. Ocho fueron reservadas para viajeros inteligentes que desearan la privacidad de un hotel combinada con la intimidad de un hogar.
– Todo completo -contestó Andy-. Hemos tenido un verano récord, gracias al buen tiempo. Bien, ¿qué será? ¿Café? ¿Coñac? ¿Cómo está tu padre, por cierto?
Julian se encogió por dentro ante la asociación mental implícita en las palabras de Andy. Sin duda, todo el maldito condado emparejaba a su padre con algún tipo de licor.
– No quiero nada -dijo-. He venido a buscar a Nicola.
Andy no se habría sorprendido por la hora en que Julian había aparecido para encontrarse con su hija. Cuando Nicola llegaba del colegio solía ayudar en la cocina o el comedor, de modo que la historia de su relación con Julian se había distinguido por citas que muy pocas veces empezaban antes de las once de la noche. Pero Andy pareció perplejo.
