Fue más una seducción que un reclutamiento.

Tampoco era que costara seducir a Art.

Tienen olfato para tipos como yo, pensó Art después. Los extraviados, los solitarios, los desarraigados biculturales con un pie en dos mundos y en ninguno.Y tú eras perfecto para ellos, listo, criado en las calles, ambicioso. Parecías blanco, pero peleabas como un mulato. Solo necesitabas que te pulieran, y ellos lo hicieron.

Después llegaron los recaditos: «Arturo, viene de visita un profesor boliviano. ¿Podrías acompañarle a ver la ciudad?». Unos cuantos más del mismo tipo, y después: «Arturo, ¿qué le gusta hacer al doctor Echeverría en su tiempo libre? ¿Bebe? ¿Le gustan las chicas? ¿No? ¿Tal vez los chicos?». Después: «Arturo, si el profesor Méndez quisiera marihuana, ¿se la conseguirías?», «Arturo, ¿podrías decirme con quién está hablando por teléfono nuestro distinguido amigo poeta?», «Arturo, esto es un aparato de escucha. ¿Podrías introducirlo en su habitación…?».

Y él lo hacía todo sin parpadear, y lo hacía bien.

Le entregaron su diploma y un billete para Langley casi al mismo tiempo. Explicárselo a Althie constituyó un ejercicio interesante.

– Podría contártelo, pero en realidad no puedo -fue lo mejor que se le ocurrió.

Ella no era estúpida. Lo captó.

– Boxear es la metáfora más adecuada para ti -le dijo.

– ¿Qué quieres decir?

– El arte de mantener las cosas alejadas -replicó ella-. Es tu especialidad. Todo te resbala.

Eso no es verdad, pensó Art.Tú no me resbalas.

Se casaron unas semanas antes de que le enviaran aVietnam. Le escribía largas y apasionadas cartas en las que nunca hablaba de lo que hacía. Estaba cambiado cuando regresó, pensó ella. Pues claro, era lógico. Pero su aislamiento de siempre se había intensificado. De repente podía interponer océanos de distancia emocional entre ellos y negar que lo hacía. Después, volvía a ser el hombre cariñoso y afectuoso del que se había enamorado.



16 из 619