Art no lo hizo.

Ahora, en Culiacán, se levantó y miró los ojos de obsidiana de san Jesús Malverde. La piel de yeso del santo era blanca, y su bigote negro, y habían pintado alrededor de su cuello un chillón círculo rojo para recordar al peregrino que el santo había padecido martirio, como todos los santos.

San Jesús murió por nuestros pecados.

– Bien -dijo Art a la estatua-, hagas lo que hagas, está funcionando, y lo que yo hago no, así que…

Art hizo una manda. Se arrodilló, encendió una vela y dejó un billete de veinte dólares. Qué cono.

– Ayúdame a bajarte, san Jesús -susurró-, y habrá más como este. Daré el dinero a los pobres.

Cuando volvía al hotel del altar, Art conoció a Adán Barrera.


Art había pasado decenas de veces por delante de aquel gimnasio. Siempre sentía la tentación de echar un vistazo, pero nunca lo había hecho, pero esa noche en particular había dentro una gran multitud, así que entró y se mantuvo al margen.

Adán apenas tenía veinte años entonces. Bajo, casi diminuto, muy delgado. Pelo negro largo peinado hacia atrás, téjanos de diseño, zapatillas deportivas Nike y un polo púrpura. Ropa cara para ese barrio. Ropa elegante, chico elegante, Art se dio cuenta en el acto. Adán Barrera tenía aspecto de saber siempre lo que estaba pasando.

Art calculó que mediría metro sesenta y dos, tal vez metro sesenta y cinco, pero el chico que había a su lado alcanzaba el metro ochenta y siete sin problemas. Y menudo cuerpo. Pecho grande, hombros caídos, larguirucho. Era imposible tomarles por hermanos, salvo cuando les mirabas a la cara: la misma cara en dos cuerpos diferentes, ojos castaños hundidos, piel color café con leche, de aspecto más hispano que indio.

Se hallaban en un extremo del cuadrilátero, contemplando a un boxeador inconsciente. Otro luchador se erguía en el cuadrilátero. Un chico que aún no habría cumplido veinte años, pero con un cuerpo que parecía tallado en piedra viva.Y tenía aquellos ojos (Art ya los había visto en el cuadrilátero), la mirada de un asesino nato. Solo que ahora parecía confuso y un poco culpable.



19 из 619