– Fue un combate de entrenamiento.

– Da igual -dijo Taylor-. Estos tipos no son nuestros colegas ni nuestros compañeros de copas. Son nuestros objetivos y…

– Tal vez sea ese el problema -se oyó decir Art.

Una voz incorpórea que no podía controlar. Tenía la intención de mantener la boca cerrada, pero estaba demasiado jodido para ceñirse a la disciplina.

– ¿Cuál es el problema?

Joder, pensó Art. Demasiado tarde.

– Que a «esos tipos» los consideramos «objetivos».

Y en cualquier caso, estaba cabreado. ¿Las personas eran objetivos? He estado allí, he hecho eso. Además, averigüé más cosas anoche que en los últimos tres meses.

– Escucha, aquí no vas de agente secreto -dijo Taylor-. Trabaja con la policía local…

– No puedo, Tim -contestó Art-. Has conseguido indisponerme con ellos.

– Voy a echarte de aquí -dijo Tim-.Te quiero fuera de mi equipo.

– Empieza el papeleo -dijo Art. Estaba harto de aquella mierda.

– No te preocupes, lo haré -dijo Taylor-. Entretanto, Keller, intenta comportarte como un profesional.

Art asintió y se levantó de la silla.

Despacio.


Mientras la espada de Damocles de la burocracia pendía sobre su cabeza, Art pensó que podría seguir trabajando.

¿Cómo es ese dicho?, se preguntó. ¿Que pueden matarte, pero no pueden comerte? Lo cual no es cierto, pueden matarte y comerte, pero eso no significa que te lo tomes con calma. La idea de ir a trabajar con el equipo de un senador le deprimía hasta extremos insospechables. No era tanto el trabajo como que se lo consiguiera el padre de Althie, y Art tenía una actitud ambivalente hacia las figuras paternas.



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