Cuando llegaba a la puerta se volvió distraídamente hacia la mujer. Los niños chillaban mientras corrían hacia los caballitos de madera. Algunos con sus padres, la mayoría solos. La mujer que recogía los boletos se había olvidado de él. Estaba a salvo.

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Laurie Prine miró por encima de la pantalla de su terminal y sonrió al verme entrar. Yo había confiado en que la encontraría allí. Pasé al otro lado del mostrador, cogí una silla del escritorio más próximo, que estaba vacío, y me senté a su lado. Parecía que había un descanso en la biblioteca del Rocky.

– Oh, no -dijo cariñosamente-. Cuando tú llegas y te sientas ya sé que va para largo.

Se refería a las extensas peticiones de búsqueda que solía hacerle cuando preparaba mis reportajes. Muchos de los reportajes de sucesos que yo escribía giraban en torno a noticias sobre la aplicación de la ley publicadas en todo el país.

Siempre tenía que saber qué más se había escrito sobre el tema y dónde.

– Lo siento -le dije con fingida contrición-. Ésta vez puede que te haga pasar el resto del día con Lex y Nex.

– Eso si es que logro conectarme. ¿Qué necesitas?

Tenía un discreto atractivo. Siempre llevaba el cabello negro recogido en una trenza, tenía unos ojos castaños tras las gafas de montura metálica y unos labios carnosos que nunca se pintaba. Agarró un cuaderno de notas, se ajustó sus gafas y cogió un bolígrafo, dispuesta a anotar la lista de cosas que yo quería. Lexis y Nexis eran unas bases de datos informatizadas donde se podía consultar información publicada en la mayor parte de los grandes y no tan grandes periódicos del país, así como resoluciones judiciales. Proporcionaban también enlaces para acceder a otros lugares de interés de las autopistas de la información. Si querías saber lo que se había escrito sobre un tema determinado o una noticia en particular, la red Lexis/Nexis era el lugar adecuado para empezar.



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