– Gracias. Me las arreglaré.

Barbara envió de una patada sus escarpines al interior del armario y se quitó las medias. Debajo de un impermeable negro de plástico encontró unos pantalones morunos púrpura. Se los embutió y completó su indumentaria con una arrugada camiseta rosa. Delante llevaba la leyenda «Cock Robin se lo merecía». Ataviada de tal guisa, se volvió hacia la pequeña, que estaba hojeando las páginas de una novela que había en la mesa contigua a la cama. La noche anterior, Barbara había llegado a la parte en que el salvaje lascivo del título había superado los límites de la resistencia humana al ver las firmes, jóvenes y convenientemente desnudas nalgas de la heroína, cuando entraba en el río para darse un baño. Barbara opinaba que Khalidah Hadiyyah no necesitaba averiguar lo que sucedía a continuación. Dio unos pasos y se apoderó del libro.

– ¿Qué es un miembro tumescente? -preguntó Hadiyyah con ceño.

– Pregúntaselo a tu padre. No. Pensándolo bien, mejor que no lo hagas. -No se imaginaba al solemne padre de Hadiyyah respondiendo a semejante pregunta con el mismo aplomo que ella era capaz de reunir-. Es el tamborilero oficial de una sociedad secreta -explicó-. Él es el miembro tumescente. Los demás miembros cantan.

Hadiyyah asintió con aire pensativo.

– Pero aquí pone que ella le tocó su…

– ¿Vamos a tomar ese helado? -se apresuró a replicar Barbara-. ¿Puedo aceptar la invitación ahora mismo? Me apetece uno de fresa. ¿Y a ti?

– Por eso he venido a verte. -La niña bajó de la cama y enlazó las manos a su espalda-. He de aplazar la invitación, pero no de forma indefinida -explicó-. Sólo de momento.

– Oh.

Barbara se preguntó por qué experimentaba decepción. Era absurdo, porque la perspectiva de ir a tomar un helado en compañía de una niña de ocho años no era un acontecimiento merecedor de figurar con letras de oro en su agenda.

– Papá y yo nos vamos. Sólo por unos días. Nos vamos ahora mismo, pero como había telefoneado para invitarte a un helado, pensé que debía avisarte sobre el retraso. Por si tú me llamabas. Para eso he venido.



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