
– Eso supone que tendré que volver a la biblioteca, aunque no sé de qué servirá cuando tenga que pagar a una canguro para que cuide a Mikey mientras estoy fuera. ¿O piensas ocuparte de él en lugar de ir a buscar trabajo?
Tenía los labios tensos cuando le dedicó una sonrisa hipócrita.
– Aún no he pensado…
– Ése es tu gran problema, Ian. Nunca piensas. Nunca tienes un plan. Pasas del problema a la crisis y de ahí al borde del desastre. Tenemos una casa nueva que no podemos pagar, un niño que alimentar, y tú aún no has pensado. Si hicieras planes por anticipado, si hubieras consolidado tu posición, si hubieras amenazado con marcharte hace dieciocho meses, cuando la fábrica necesitaba una reorganización y tú eras la única persona de Essex que podía llevarla adelante…
– Ese no era el caso, Anita.
– ¡Ya está! ¿Lo ves?
– ¿Qué?
– Eres demasiado humilde. No te haces valer. Si lo hicieras, ahora tendrías un contrato. Si hubieras planeado por una vez, habrías exigido un contrato cuando más te necesitaban.
Era inútil tratar de explicarle las cosas cuando Anita se ponía en aquel estado. Ian no podía culpar a su mujer por el estado en que se hallaba. Había perdido tres empleos en los seis años que llevaban casados. Si bien ella le había prestado su apoyo durante los dos primeros períodos en paro, habían vivido con los padres de Anita, sin las preocupaciones económicas que les amenazaban ahora. Si las cosas fueran diferentes, pensaba Ian, si su trabajo fuera fijo… Pero residir en el mundo crepuscular con los condicionales no ofrecía solución a sus problemas.
De manera que Anita había vuelto a trabajar, un empleo patético y mal pagado en la biblioteca de la ciudad, donde volvía a colocar los libros en sus estanterías y ayudaba a los pensionistas a localizar revistas. Ian inició el humillante proceso de buscar trabajo una vez más en una zona del país deprimida desde hacía mucho tiempo.
Cada día se vestía con esmero y salía de casa antes que su mujer. Por el norte había llegado hasta Ipswich, por el oeste hasta Colchester. Por el sur hasta Clacton, y se había aventurado hasta Southend-on-Sea. Se había esforzado al máximo, pero hasta el momento nada de nada. Por la noche se enfrentaba al desprecio silencioso pero creciente de Anita. Durante los fines de semana buscaba una escapatoria.
