
– Gus necesitaba la inyección del tétanos -Elijah sonrió abiertamente-. ¿Acaso crees que he venido a seguirte a la escena del crimen?
A Michael no le habría extrañado mucho que así fuera.
– Supongo que sin Gus andarás corto de mano de obra. Será mejor que vuelvas a casa cuanto antes.
La sonrisa de Elijah se ensanchó.
– ¿Y perder la oportunidad de felicitarte en persona? Podrías habérmelo dicho. No tenías por qué dejar un mensaje diciendo que pensabas quedarte en casa ayer por la noche.
Michael suspiró.
– Fue un encuentro casual, ¿de acuerdo?
– ¿Te refieres al destino?
Michael volvió a suspirar.
– Me refiero a que fue un simple acto humanitario. Y déjalo ya, ¿de acuerdo? Ya he tenido bastante con aguantar a mi abuelo esta mañana.
Elijah rió y movió el periódico.
– ¿Joseph ya se ha enterado?
– ¿Tú que crees? -preguntó Michael en tono irónico-. Ojalá volviera a Oklahoma para ocuparse de Wentworth Oil Works y me dejara tranquilo con mis asuntos.
Elijah bufó.
– Sólo lograrás que el viejo vuelva a ocupar su despacho dejando el tuyo. Anímate, hombre. La parcela de tierra que compraste junto a la mía está lista y esperándote. Deberías asociarte conmigo para crear el mejor establo de caballos del país.
Michael se pasó la mano por el pelo.
– Por enésima vez, Elijah, te repito que no tengo el dinero necesario para hacerlo. Gracias a mi abuelo, que me hizo aceptar mi salario en Wentworth Oil Works en acciones y a ese pequeño fideicomiso que guarda mi dinero hasta que cumpla treinta años o me case.
Elijah movió la cabeza.
– Puede que casarse no sea tan mala idea, amigo -volvió a alzar el periódico y lo colocó frente a la nariz de su amigo-. Mira los líos en los que te metes siendo soltero.
La foto de Beth que aparecía en portada no estaba mal. Aunque el blanco y negro no favorecía precisamente su palidez, sus delicados rasgos quedaban claramente resaltados. Pero a Michael, el bebé le seguía pareciendo un cacahuete con extremidades.
