
Oh, oh.
Michael creyó percibir la mano de su hermana en aquello. Era posible que Joseph Wentworth hubiera ordenado retirar camas y desenterrar viejos juguetes, pero sólo Josie habría podido seleccionar aquella colorida variedad de negligés que se hallaban esparcidas sobre su cama.
Su cama.
La cama que su abuelo le estaba obligando sutilmente a compartir.
Michael casi pudo escuchar al viejo en su mente. «¿Quieres un matrimonio, muchacho? ¡Pues toma matrimonio!»
Por supuesto, el abuelo y Josie no podían saber que él y Beth nunca habían dormido juntos. No podían saber que en su noche de bodas la recién casada había dormido en la habitación del bebé en lugar de hacerlo entre sus brazos.
¿Sería muy feo contar las negligés?
– ¿Qué vamos a hacer al respecto? -preguntó Beth con voz ronca.
Había nueve.
Michael la miró. Aún respiraba agitadamente.
¿Qué iban a hacer al respecto?
Arrojar la toalla.
Era lo más seguro. Lo más fácil. Además, lo más probable era que el abuelo ya lo sospechara.
Una farsa de matrimonio. ¿En qué había estado pensando?
La verdad le costaría temporalmente la posibilidad de asociarse con el Rocking H, pero aún podría ocuparse de Beth y Mischa. Se volvió y abrió la boca para decírselo a Beth…
Y supo que ella no aceptaría su dinero. No después de un fracasado matrimonio de veinticuatro horas.
– ¿Y bien? ¿Qué vamos a hacer al respecto? -preguntó Beth de nuevo. Sus ojos destellaron y el rubor aún no había abandonado su rostro.
Como el deseo que ardía en la sangre de Michael.
– Vamos a dormir juntos -dijo.
Capítulo 5
Beth miró a Michael, anonadada.
– Supongo que estás bromeando.
Él alzó las cejas.
– ¿Qué otra cosa podemos hacer? ¿Decirle a Evelyn que vamos a dormir en habitaciones distintas? Puede que nos hayamos salido con la nuestra una noche, pero los criados hablarán si seguimos durmiendo separados.
