
¡La pasta 'ncasciata!Un plato que a cada bocado le arrancaba un gemido de placer, pero con el cual Adelina raras veces lo agasajaba, pues exigía mucho tiempo de preparación.
Aprovechando que el viento había amainado, comió en la galería entre relámpagos y truenos. Pero delante de aquel regalo de Dios que él saboreaba no sólo con el paladar sino con todo el cuerpo, podía mandar tranquilamente al carajo el mal tiempo. Puesto que el señor ministro, en su infinita bondad, permitía al llamado ciudadano libre fumar en su casa, encendió el televisor y sintonizó Retelibera, que a aquella hora emitía el telediario, se repantigó en el sillón y encendió un pitillo.
Se le estaban cerrando los ojos y pensó que tal vez una siesta de media horita le sentaría bien. Se inclinó para apagar el televisor, extendió el brazo y se quedó paralizado con el culo en suspenso en el aire: en la pantalla acababa de aparecer un elefante muerto; la cámara mostró una lenta panorámica a lo largo de la cabeza de la bestia y enfocó un ojo destrozado por un proyectil. Montalbano subió el volumen.
– … absolutamente inexplicable -dijo la voz en off deNicolò Zito, un periodista amigo suyo-. El Circo de las Maravillas llegó a Fiacca el sábado por la mañana y ofreció su primer espectáculo esa misma noche. El domingo, aparte de la sesión matinal para los niños, dio una representación vespertina y otra nocturna. Todo se desarrolló con normalidad. Sobre las tres de la noche, el señor Ademaro Ramirez, director del circo, despertó a causa de unos insólitos barritos procedentes de la jaula de los elefantes, que está situada muy cerca de su caravana. Se levantó, se acercó hasta allí y vio que uno de los tres elefantes estaba tumbado en una posición anormal, mientras que los otros dos se mostraban muy alterados. En aquel momento llegó la domadora, despertada también por los barritos, que tuvo que hacer un gran esfuerzo para calmar a los dos animales, peligrosamente agitados. Cuando consiguió entrar en la jaula, la mujer se dio cuenta de que el elefante tumbado en el suelo, llamado Alacek, estaba muerto a causa de un solo disparo de pistola efectuado con extrema precisión y frialdad en el ojo izquierdo.
