– Ya te he dicho que esa no es mi intención. Quiero que vivamos los tres juntos -esbozó una sonrisa complaciente-. En cualquier caso, es muy tarde para ultimátums, ¿no, Meggie? Le he prometido a Anna que estaré aquí cuando despierte mañana. Seguramente, después de pasar cuatro meses conmigo, sabes que nunca rompo una promesa.

– Rompiste una -replicó ella con frialdad-. Me prometiste que no me quedaría embarazada. Y yo fui tan estúpida que te creí.

Él entornó los ojos.

– Los dos sabemos que tuve cuidado. Todas las veces. Pero parece que subestimamos la determinación de nacer de nuestra hija.

– No, Kon. Yo subestimé lo que serías capaz de hacer para que pareciera un accidente.

Kon le lanzó una mirada terrible.

– Dejemos una cosa clara. La segunda vez que fuiste a Rusia, no quería dejarte embarazada. Si ese hubiera sido mi plan, te habría llevado a la cama el mismo día que pisaste suelo ruso.

No necesitó añadir que ella habría aceptado. Meg se sonrojó, humillada.

– Para tu información -continuó él-, yo entonces tenía muchas responsabilidades, entre las que tú eras solo una más; y bastante insignificante, por cierto. Debía haberte asignado un agente de nivel inferior. De hecho, era un trabajo tan rutinario que uno de mis compañeros me preguntó por qué me ocupaba de algo tan trivial como vigilar a una maestra estadounidense sin importancia. No insultaré tu inteligencia negando que algunos de los agentes se acostaban con las mujeres a las que tenían que vigilar para obtener información. Una de las razones por las que me encargué de tu vigilancia, fue para protegerte de algo así.

– ¿Por qué lo hiciste?

Kon se reclinó en los cojines.

– Porque había en ti una inocencia refrescante cuando te marchaste de Rusia la primera vez. Una especie de honestidad. Seis años después, cuando vi tu nombre en una lista de profesores extranjeros que iban a pasar una temporada, quise saber si todavía conservabas esa cualidad -hizo una breve pausa-. El único cambio que vi fue que aquella muchacha se había convertido en una hermosa mujer. Y, más que nunca, quise asegurarme de que ningún hombre se aprovechara de ti mientras estuvieras en mi país.



48 из 122