
Juliette Benzoni
El prisionero enmascarado
Secreto de Estado III
Entre nosotros, el secreto está encerrado
con fuertes cadenas cuya llave está perdida, y
en una casa tapiada.
Las mil y una noches
PRIMERA PARTE

La infanta

1. Las viudas
«Es nuestro placer y nuestra voluntad que la señora duquesa de Fontsomme, nuestra amiga, sea agregada a la persona de nuestra futura esposa, la infanta María Teresa, como dama de palacio y como eventual sustituía de la señora duquesa de Béthune, dama de compañía. La señora duquesa de Fontsomme se reunirá con la corte en Saint-Jean-de-Luz a finales del mes de mayo para asistir allí a las fiestas de nuestra boda. Luis, por la gracia de Dios…»
Sylvie dejó que el grueso papel con las armas reales se enrollara por sí mismo. El mensajero había ido a tomar un bocado y descansar después del largo camino recorrido, porque el joven rey Luis XIV, la reina madre Ana de Austria y la corte se encontraban entonces, desde hacía varios meses, en Aix-en-Provence. Su sorpresa había sido enorme, y también su emoción. El enviado era un mosquetero -un gentilhombre, por tanto-, no un simple correo, y ese detalle daba mayor peso todavía a aquellas dos palabras, «nuestra amiga», trazadas por la pluma real. Aquella atención del joven soberano, al que había visto muy poco en los últimos años, corregía el tono seco de la orden. Porque era más que una invitación. No era concebible una respuesta distinta a la obediencia.
