Su segunda visita fue al hôtel de Vendôme. Sentía por la duquesa y por Elisabeth de Nemours, su hija, un profundo cariño; de modo que, una vez vencida por fin la Fronda, no había dejado de frecuentar con total tranquilidad de espíritu la gran mansión del faubourg Saint-Honoré. Y eso por la mejor de las razones: estaba segura de no encontrar nunca allí a François.

Después de las locuras de una guerra civil de la que era en parte responsable, el que había sido llamado Rey de Les Halles fue enviado al exilio en los castillos familiares de Anet o de Chenonceau. Un exilio bastante agradable, que vivió a menudo en compañía de Monsieur -Gaston d'Orleans, el peligroso hermano del difunto rey Luis XIII- y sobre todo de su hija, la impetuosa Mademoiselle, que en el último combate de la Fronda había ordenado con tanta audacia disparar los cañones de la Bastilla contra las tropas reales. Los dos se entendían de maravilla. Por otra parte, las excelentes relaciones existentes desde siempre entre Beaufort y su padre, el duque César de Vendôme, y su hermano Louis de Mercoeur, se habían roto el día de 1651 en que Louis, con la bendición de su padre, se había casado con Laura Mancini, la mayor de las sobrinas de Mazarino. El hecho de que fuera un matrimonio por amor no impedía que el rebelde lo considerara una traición y una mésalliance (un casamiento con una persona de linaje inferior).

Más tarde, un drama más oscuro le apartó un poco más de su familia: el 30 de julio de 1652, Beaufort mató en duelo al marido de Elisabeth, Charles-Amédée de Saboya, duque de Nemours. El motivo había sido insignificante y la culpa había recaído enteramente en Nemours, que no había podido soportar que su cuñado fuera nombrado gobernador de París durante los últimos estertores de la Fronda.



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