– Lo siento -dijo Arnie, aunque solo porque se sintió obligado a hacerlo.

– Llama a los demás equipos -dijo Rick, y desde luego no era la primera vez.

– Es obvio que no va a hacer falta, ya están llamándome ellos.

– Eso es genial.

– No tanto. Están llamándome para avisarme de que no los llame. Me temo que se acabó lo que se daba, hijo.

Era evidente que se había acabado, pero Arnie no tenía valor para decírselo claramente. Tal vez al día siguiente. Ocho equipos en seis años. Solo los Argonauts de Toronto se habían arriesgado a ficharlo por una segunda temporada. Todos los equipos necesitaban un quarterback suplente para su quarterback de reserva, y Rick era el hombre indicado para eso. Sin embargo, los problemas empezaban cuando salía al campo.

– Tengo que irme pitando -dijo Arnie, volviéndole a echar otro vistazo a la hora-. Escucha, hazte un favor y no enciendas la tele. Son despiadados, sobre todo los del ESPN.

Le dio unas palmaditas en la rodilla y salió de la habitación a toda prisa. Junto a la puerta había dos fornidos guardias de seguridad que intentaban no dormirse sentados en unas sillas plegables.

Arnie se detuvo en el puesto de recepción de las enfermeras y habló con el médico, quien al final cruzó el pasillo, pasó junto a los guardias de seguridad y entró en la habitación de Rick. No hubo calidez alguna en el trato con el paciente: se limitó a realizar una rápida comprobación de lo básico sin darle demasiada conversación.

– Habrá que vigilar la evolución neurológica. Solo es una conmoción cerebral normal y corriente más, ¿no es la tercera?

– Creo que sí -contestó Rick.

– ¿Ha pensado en cambiar de trabajo? -preguntó el médico.

– No.

Pues igual le convendría, pensó el facultativo, y no solo por los posibles daños cerebrales. Tres intercepciones en once minutos deberían bastar para convencerte de que el fútbol americano no es lo tuyo. Dos enfermeras aparecieron sin decir nada y se encargaron de las pruebas y el papeleo. En ningún momento se dirigieron al paciente a pesar de tratarse de un atleta profesional soltero, bastante apuesto y en forma. Justo ahora, cuando él más las necesitaba, ellas no podrían haberle hecho menos caso.



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