
O si no, el suicidio. Notó un amargor repentino en la boca. El suicidio era la antítesis de todo aquello con lo que siempre se había identificado. Sospechaba que la persona que firmaba como Rumplestiltskin lo sabía.
De golpe se sintió como si estuviera en el banquillo de los acusados.
Empezó de nuevo a pasearse mientras evaluaba la carta. La voz interior insistía en restarle importancia, hacer caso omiso de todo el mensaje y considerarlo una exageración y una fantasía sin ninguna base real, pero era incapaz de hacerlo.
«Que algo te incomode no significa que debas ignorarlo», se reprendió.
Pero no tenía la menor idea de cómo reaccionar. Dejó de caminar y regresó a su asiento. «Locura -pensó-. Pero una locura con un inconfundible toque de inteligencia, porque provocará que me sume a ella.»
– Debería llamar a la policía -dijo para sí.
Pero se detuvo.
¿Qué diría? ¿Marcaría el 911 y explicaría a algún sargento gris y sin imaginación que había recibido una carta amenazadora?
¿Y escucharía cómo el hombre le replicaba «¿y qué?»? Hasta donde sabía, no se había infringido ninguna ley. A no ser que sugerir a alguien que se suicidara fuera alguna clase de delito. ¿Extorsión, tal vez? Se preguntó qué clase de homicidio podría ser. Le pasó por la cabeza llamar a un abogado, pero se dio cuenta de que la situación que planteaba Rumplestiltskin no era legal. Se había acercado a él en un terreno que dominaba. Sugería que se trataba de un juego de intuición y psicología; era cuestión de emociones y de miedos. Sacudió la cabeza y se dijo que podía lidiar en ese ámbito.
– Así pues, ¿qué tenemos aquí? -se preguntó en la habitación vacía.
«Alguien conoce mis costumbres -pensó-. Sabe cómo entran mis pacientes a la consulta. Sabe cuándo almuerzo y qué hago los fines de semana. Ha sido lo bastante inteligente como para preparar una lista de familiares; eso requiere bastante ingenio. Y sabe cuándo es mi cumpleaños. -Inspiró a fondo de nuevo-. Me ha estudiado. No lo sabía, pero alguien estaba observándome. Evaluándome. Alguien ha dedicado tiempo y esfuerzo a crear este juego y no me ha dejado demasiado margen para contraatacar.»
