Juliette Benzoni


El Rey de Les Halles

Secretos de Estado II
Índice

PRIMERA PARTE


La casa junto al mar
1938

1. Tres hombres de Dios

Atizado por el viento, el fuego zumbaba con furia y escupía al cielo haces de chispas y columnas de humo. Amanecía, pero el único sol del nuevo día parecía ser aquel incendio expiatorio que las gentes de la aldea vecina, alineadas en un terraplén como pájaros en una rama, miraban con espanto. De vez en cuando una de las cargas de pólvora dispuestas en el interior del castillo explotaba produciendo nuevas llamaradas. Muy pronto, La Ferrière no sería más que un montón de ruinas sobre las que la hiedra y las zarzas del bosque reconquistarían sus derechos. Sólo quedaría en pie la capilla, protegida por el amplio espacio vacío de su explanada. Así lo había querido François de Vendôme, duque de Beaufort, al ordenar prender fuego a su auto de fe.

A caballo, desde lo alto de la colina tras la cual se apiñaba la aldea, observaba el cumplimiento de la venganza con la que castigaba el martirio de Sylvie. Venganza incompleta, por lo demás, puesto que sólo uno de los dos culpables había sido castigado; pero cada cosa a su tiempo, y por el momento François se daba por satisfecho.

Cuando las llamas disminuyeron en intensidad, dirigió su caballo hacia el terraplén donde los aldeanos seguían inmóviles, sombrero en mano. Al verle aproximarse, se apretaron un poco más. Tenían tanto miedo que faltó poco para que cayeran de rodillas. Hay que reconocer que con la ropa sucia, el rostro ennegrecido y las manchas de sangre en el hombro, el aspecto del joven duque no era tranquilizador, pero les sonrió y al hacerlo mostró la blancura de sus dientes y desapareció la dureza que hasta entonces habían mostrado sus ojos claros.



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