
— No hay edad ni encanto que valgan cuando se está desesperada… ¡Marchaos, señor abate, y olvidad que me habéis visto!
— ¡De ninguna manera! Volveréis conmigo y…
Ella se levantó con la agilidad de una gata y lo rechazó con un gesto brusco. Él estuvo a punto de caer, pero consiguió agarrar la capa negra, cuyo cierre empezó a estrangular a Sylvie. Ésta se debatió con más energía cuando advirtió que, aprovechando esa ventaja, él le echaba los brazos encima.
Aunque pequeño, Gondi era más fuerte que una muchacha de dieciséis años. Además, sus músculos estaban bien ejercitados, ya que practicaba con asiduidad la esgrima y la equitación. Sin embargo, la lucha no se decidió durante unos instantes, debido a la rabia con que defendía Sylvie su mortal proyecto. Los dos rodaron por el suelo sin que ninguno llegara a tomar ventaja sobre el otro, y sin darse cuenta de que llegaban al borde del sendero. Y entonces, de repente, no hubo nada por debajo de ellos. Enlazados, cayeron…

3. Un amor tan grande…
A partir del 28 de agosto, toda Francia empezó a rezar para obtener del Cielo el parto feliz de la reina, próxima ya a salir de cuentas, pero también y sobre todo para que diera a luz un delfín. El Santo Sacramento estuvo expuesto día y noche en las iglesias de París, y grandes rogativas públicas marcaron el inicio de una espera que los médicos estimaban que se prolongaría de ocho a diez días.
No sucedía lo mismo en el Château-Neuf de Saint-Germain, que Ana no había abandonado desde el inicio de su embarazo. Ante la inminencia del parto, se preparaba alojamiento para los príncipes y las princesas que habían de asistir al acontecimiento. El rey, atrincherado en el Château-Vieux,
