— Vivo en una de sus antiguas casas -le dijo ella-, y a mi alrededor no hay sino el cielo, el mar y la landa. Nuestras oraciones no encuentran ningún obstáculo y estamos en paz. Por más que el señor de Paul lo estime deseable, no tengo ninguna apetencia por tomar los hábitos…

Volvió a marcharse sin haber obtenido nada más. En cambio, la duquesa de Retz empezó a honrar de vez en cuando con su presencia la casa junto al mar. La intervención de Monsieur Vincent había sido útil por la razón de que, ahora, la gran dama no intentaría ya perjudicar a la que creía amante de Beaufort, y en cambio, parecía haberse fijado la misión de inclinarla a la vida monástica, la mejor manera según ella de escapar de todas las heridas del mundo.

Sylvie empezó por escucharla dócilmente, pero los sermones de Catherine acabaron por aburrirla. De modo que llegó a un pacto con el joven Gwendal, el rapaz del molino de Tanguy Dru, en el otro extremo del puerto del Socorro. Cuando él veía el carruaje ducal, corría a avisarla y así Sylvie tenía tiempo de refugiarse en la landa o en algún hueco entre las rocas, y dejar que Jeannette explicara con muchas reverencias que su joven ama gustaba del aislamiento en plena naturaleza, obra del Creador, a fin de recogerse en la contemplación y esperar tal vez la Llamada.

Apenas si todo ello era mentira. La belleza de la isla afectaba a Sylvie. Le gustaba descubrir sus diferentes aspectos por medio de largos paseos, pero sobre todo era la mar lo que la atraía y lo que nunca se cansaba de contemplar. Tendida sobre la hierba en algún mirador de la landa, contemplaba, a través de las puntas vellosas de las gramíneas y de las umbelas de los aromáticos hinojos, el vaivén de las olas, a veces ligero y manso, otras rugiente, espumoso y lleno de fuerza. De no haber sido tan penoso para los pescadores, algunos de los cuales se habían hecho amigos suyos, habría preferido el mal tiempo, por lo bien que expresaba la inmensa fuerza del océano. Sabía que François había hecho en otro tiempo lo mismo que ella, y la dicha de seguir los pasos de su amigo la reconfortaba y la hacía sentirse casi feliz.



86 из 357