¡No! Ese tipo de riesgos estaba fuera de toda consideración. Jonas no podría vivir con tal posibilidad sobre su conciencia. Incluso aunque nunca lo supiera con certeza, sólo pensar en esa posibilidad, le volvería loco.

La miró con los ojos entrecerrados. No le gustaba que le presionaran para contratarla, y ella lo había hecho con suma eficacia. A pesar de todo…

Interrumpiendo el contacto visual, Jonas cogió una hoja en blanco y la puso sobre el escritorio. Ni siquiera la miró mientras cogía una pluma, revisaba la punta y abría el tintero, sumergiéndola en la tinta y poniéndose a garabatear con rapidez.

No importaba que las referencias fueran falsas. No había nadie mejor que ella y además quería el trabajo. Bien sabía Dios que era una mujer con el suficiente arrojo para conseguirlo. Él se limitaría a no apartar la mirada de ella para asegurarse de que le entregaba la recaudación correcta y de que no hacía nada indebido. Dudaba que se bebiera todo el vino de la bodega como había hecho Juggs.

Terminó de escribir la concisa nota, secó la tinta y dobló el papel. Sólo entonces miró a la joven que tenía los ojos abiertos como platos por la curiosidad.

– Esto -le dijo, tendiéndole el papel doblado-es una nota para Edgar Hills, el encargado de la taberna, donde indico que usted es la nueva posadera. John Ostler y él son, por el momento, el único personal.

Ella cerró los dedos en torno a la nota y suavizó la expresión. No sólo el gesto de los labios, pues se iluminó toda su cara, Jonas recordó que eso era lo que él había querido que ocurriera, que se había preguntado cómo se curvarían sus labios -que ahora lo atraían irresistiblemente-y a qué sabrían.

Ella tiró de la nota con suavidad, pero él la retuvo.



22 из 470