
– Le haré un contrato de tres meses a prueba. -Tuvo que aclararse la garganta antes de continuar-: Después, si el resultado es satisfactorio, firmaremos un contrato permanente.
Jonas soltó la nota. Ella la guardó en el bolsito, luego levantó la cabeza, le miró y… sonrió.
Y así, sin más, ella le nubló el sentido.
Eso fue lo que él sintió mientras ella sonreía y se ponía en pie. Él también se levantó, aunque sólo lo hizo por instinto, dado que ninguna de sus facultades funcionaba en ese momento.
– Gracias -repuso ella con sinceridad. Sus ojos, de un profundo y brillante color avellana, no se apartaron de ¡os de él-. Le prometo que no se arrepentirá. Transformaré Red Bells en la posada que Colyton se merece.
Con una educada inclinación de cabeza, ella se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.
Aunque Jonas no recordó haberlo hecho, debió de tirar del cordón de la campanilla porque Mortimer se presentó para acompañarla hasta la puerta.
Ella salió con la cabeza bien alta y apretando el paso, pero no miró atrás.
Durante un buen rato, después de que ella hubiera desaparecido, Jonas permaneció de pie con los ojos clavados en el umbral vacío mientras volvía a recuperar el sentido poco a poco.
El primer pensamiento coherente que le vino a la mente fue un vehemente agradecimiento porque ella no le hubiera sonreído cuando entró.
CAPÍTULO 02
Em regresó caminando a paso vivo por el sendero que conducía de vuelta a Colyton.
Apenas lograba contenerse para no dar saltos de alegría. Había conseguido el trabajo. Había convencido al señor Jonas Tallent de que le diera el puesto de posadera a pesar del peculiar y desconcertante efecto que él había tenido durante todo el rato sobre sus, normalmente, confiables sentidos.
Sólo de pensar en él, de decir mentalmente su nombre, evocaba el recuerdo de aquella mirada tranquila que la había dejado sin aliento, de lo aturdida que se había sentido cuando se había quedado mirando aquellos insondables ojos castaños, no tan conmovedores como ella había esperado en un principio, sino vivaces, intensos y profundamente oscuros, poseedores de una tentadora profundidad que, en su fuero interno, ella había querido, inesperadamente, explorar.
