
Apoyando la cadera en el ancho alféizar, Em se reclinó contra el marco de la ventana. Tenía que encargarse de reabastecer por completo las despensas de la posada, pero sería al día siguiente cuando averiguaría dónde conseguir los suministros.
Edgar no residía allí, sino que se desplazaba todos los días desde la granja de su hermano en las afueras del pueblo. Le había preguntado sobre sus tareas; además de ayudarla en todo lo que pudiera, se mostraba encantado de continuar atendiendo el bar de la posada. Habían llegado fácilmente a un acuerdo. Ella se encargaría de los suministros, la organización y todo lo relacionado con el alojamiento y el servicio de comedor, mientras que el se haría cargo del bar y de reponer los licores, aunque sería ella quien se encargaría de conseguirlos.
Em le había pedido a Edgar que le presentara a John Ostler, que vivía en una habitación encima de los establos. Las cuadras estaban limpias; era evidente que allí no se había alojado ningún caballo durante mucho tiempo. John vivía para los caballos. Era un hombre tímido y reservado que parecía rondar la treintena. Debido a la escasez de huéspedes equinos en la posada, se había dedicado a echar una mano con los caballos en Colyton Manor.
Por él, Em se había enterado de que la mansión era, de hecho, la casa más grande del pueblo, y que actualmente era el hogar de una familia llamada Cynster. La señora Cynster era la hermana gemela de Jonas Tallent.
Lanzando una mirada a las profundas sombras, Em tomó nota mental de sus nuevos dominios. La posada sólo tenía una estancia pública, un salón que ocupaba toda la planta baja. La puerta principal se encontraba justo en el centro. La larga barra del bar se extendía más hacia la derecha, dejando un buen espacio a la izquierda, frente a la puerta de la cocina. Al lado de ésta, en ese extremo de la estancia, había unas escaleras. En el centro de las paredes laterales había unas grandes chimeneas con repisas de piedra.
