
No siempre había sido propensa a tener pensamientos de naturaleza sexual. Pero desde que había roto su compromiso un año atrás, no había disfrutado de los placeres del cuerpo de un hombre. La verdad era que llevaba exactamente cuatrocientos treinta y cinco días sin gozar de los placeres de un hombre. Jamás había querido llevar una cuenta precisa, pero la semana anterior había sentido curiosidad y había decidido calcularlo. A partir de entonces, con cada día que pasaba se sentía impulsada a añadirlo a la cuenta, incapaz de quitarse de la cabeza ese número cada vez mayor.
– Tu padre te ha dado carta blanca -dijo Amanda-, lo que significa que puedes gastar un montón de dinero.
– No quiero cometer ningún error. Mi padre puede quitarme este trabajo con la misma facilidad con que me lo dio, en especial si no controlo el presupuesto.
Darcy llevaba siendo directora del Delaford desde hacía más de dos años, la persona más joven en tener un puesto directivo en la cadena de hoteles de Sam Scott… y la única mujer. Al principio, el trabajo había sido temporal, un modo para ganar más experiencia mientras su padre buscaba a la persona adecuada que lo ocupara. Pero Darcy lo había hecho bien y su padre había retrasado encontrar un sustituto.
El Delaford era pequeño y exclusivo. Situado en un terreno asombroso, a sólo ciento cincuenta kilómetros de San Francisco, era un destino popular para las celebridades de la Costa Oeste. Exhibía un hotel lujoso, una pista de golf profesional, pistas de tenis, establos y un spa y club de salud con servicio completo. Situado en las costas de Crystal Lake, el hotel disponía de ciento ochenta habitaciones con un noventa y cinco por ciento de ocupación anual. En los últimos tres años, el restaurante de lujo había ganado la categoría de cinco tenedores y recibía a comensales de la ciudad de forma asidua.
– Puedo conseguirlas por quinientos dólares el juego siempre y cuando las vendamos en nuestra tienda de regalos -dijo Amanda-. Están por debajo de su precio mayorista. Y aguantan mucho mejor que las sábanas que usamos ahora. Cuanto más las laves, mejor sensación ofrecen. He pedido que pusieran un juego en tu cama. Duerme en ellas unas noches y llegarás a la conclusión de que son una ganga.
