
– Nada de eso. En absoluto -exclamo Algy rapidamente, y los demas le apoyaron.
El Santo movio la cabeza.
– Estoy seguro de aburrirles si continuo -dijo, obstinado-. Supongamos que haya hablado del Brasil…?Saben que hay una aldea tras una sierra, casi infranqueable a causa de la espesa selva, en la que viven aun algunos descendientes de Hernan Cortes? Gradualmente van siendo absorbidos por los nativos, pero aun llevan espadas y hablan castellano. Casi no daban credito a sus ojos cuando les ensene mi rifle. Recuerdo…
Fue imposible hacerle volver al asunto del millon de dolares.
Despues de tomar el cafe, aprovecho la primera ocasion para despedirse, intercambiando unas palabras con Patricia.
– Cuando me conozca usted mejor, perdonara mi debilidad.
– Supongo que solo se trata de un absurdo deseo de causar sensacion -dijo ella con voz glacial.
– Nada mas que eso -respondio el Santo con entera franqueza; y se fue a su casa satisfecho del resultado obtenido.
A pesar de las protestas de Horacio, por la tarde fue a pasear. Queria conocer el terreno de las afueras, y el camino le llevo hacia la loma que protegia la aldea en el lado sur. Era la primera vez que recorria aquel terreno, pero sus experiencias en la caza habian sido una buena ensenanza para el, y al cabo de tres horas conocia el lugar tan bien como los vecinos del pueblo.
Al regresar encontro a un desconocido. Habia caminado sin ver un alma, ni siquiera un campesino, porque todo el camino de aquella parte era un erial abandonado. Aquel hombre que vio de pronto a media milla parecia inofensivo.
