
– Pues encontrara usted la vida de Baycombe muy aburrida despues de una existencia tan emocionante -observo la senorita Girton.
– En cierto modo, no estoy de acuerdo -repuso el Santo-. Encuentro el aire aqui muy tonificante.
– ?Y cual es hoy el objeto de su vida?
– Ahora -dijo el Santo con voz suave- estoy buscando un millon de dolares. Quisiera terminar el resto de mis dias viviendo con lujo, y no puedo hacer nada sin quince mil libras anuales.
Algy se moria de risa.
– ?Estupendo, estupendo! -decia-.?Estupendo!?Eh??Eh?…
– En efecto -convino el Santo con modestia.
– Temo que no encontrara usted su millon de dolares en Baycombe -observo Lapping.
El Santo puso las manos sobre la mesa y examino sus unas con suave sonrisa.
– Me deprime su observacion, sir Michael -contesto-. Tenia yo un gran optimismo. Me habian dicho que se podria encontrar aqui un millon de dolares, y no es facil dudar de las palabras de un hombre moribundo, sobre todo teniendo en cuenta que uno ha tratado de salvarle la vida. Sucedio eso en un lugar llamado Ayer Pahit, en los Estados Malayos. Habiase refugiado en las selvas porque le persiguieron en todas partes desde que descubrieron que se habia establecido en Singapur para gozar de una parte injusta del botin… Uno de los perseguidores, un malayo a sueldo, le cogio y le hundio el cris en el cuerpo. Le encontre poco antes de que expirara; me conto la mayor parte de la historia… Pero les estoy aburriendo…
