Mientras oía las explicaciones, Gauna pensaba con afecto en la manera de ser de Larsen, tan diferente de la suya.

– La encargada me recomienda gárgaras de sal -declaró Larsen-. Mi madre fue siempre gran partidaria de las de té. Me gustaría oír tu opinión al respecto. Pero no creas que estoy inactivo. Ya me lancé al ataque con un Fucus. Por cierto que si consulto al brujo Taboada -que sabe más que algunos doctores con diploma- tira todos estos remedios y me hace pasar una semana comiendo tanto limón que de pensarlo me da ictericia.

Hablar de gripe y de las tácticas para combatirla, casi lo conciliaba con su destino, casi lo animaba.

– Con tal que no te contagie -dijo Larsen.

– Vos todavía creés en esas cosas.

– Y, che, la pieza no es grande. Menos mal que esta noche no dormirás aquí.

– Los muchachos se mueren si dejamos la salida para mañana. No creas que les entusiasma salir; les asusta comunicar a Valerga la postergación.

– No es para menos -la voz de Larsen cambió de tono-. Antes de que me olvide ¿cuánto ganaste en las carreras?

– Lo que dije. Mil pesos. Más exactamente: mil sesenta y ocho pesos con treinta centavos. Los sesenta y ocho pesos con treinta centavos quedaron para Massantonio, que me pasó el dato.

Gauna consultó el reloj; agregó después:

– Ya es hora de irme. Es una lástima que no vengas.

– Bueno, Emilito -contestó Larsen persuasivamente-. No bebas demasiado.

– Si supieras cómo me gusta, sabrías que tengo voluntad y no me tratarías como a un borracho.

V

Y cuando vio llegar al peluquero Massantonio, el doctor Valerga no hizo cuestión. Gauna íntimamente le agradeció esa prueba de tolerancia; por su parte comprendía el error de haber invitado al peluquero.

Porque salían con Valerga, no se disfrazaron. Entre ellos -con el doctor no aventuraban opinión alguna sobre el asunto- afectaban estar muy por encima de tanta pantomima y despreciar a las pobres máscaras. Valerga traía pantalón a rayas y saco oscuro; a diferencia de los muchachos, no llevaba pañuelo al cuello. Gauna pensó que si después de las fiestas le sobraba un poco de plata compraría un pantalón a rayas.



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