– Lo que te perdiste esta mañana. Vino un cliente con un Stutz. Quiere que se lo preparemos para el Nacional.

No logró interesarse en la noticia. Todo, esa tarde, le desagradaba.

Dejó el trabajo poco antes de las cinco. Se enjuagó las manos y los brazos con un poco de nafta; después, con un pedazo de jabón amarillo, se lavó las manos, los pies, el cuello y la cara; frente a un fragmento de espejo, se peinó con mucho cuidado. Mientras se vestía, pensaba que lavarse, con ese tachito de agua fría, le había hecho bien. Iría en seguida al Platense y hablaría con los muchachos. Bruscamente, se sintió muy cansado. Ya no le interesaba lo que había ocurrido la noche anterior. Quería irse a su casa a dormir.

VIII

Entró en el salón del café Platense, notable por los globos de cristal que lo iluminaban, colgados de largos cordones cubiertos de moscas. Los muchachos no estaban ahí. Los encontró en los billares. Cuando Gauna abrió la puerta, el Gomina Maidana se preparaba para hacer una carambola. Estaba vestido con un traje casi violeta, muy abrochado, y tenía atado al cuello un abundante y espumoso pañuelo blanco, de seda. Un señor de cierta edad, trajeado de luto y conocido como la Gata Negra, se disponía a escribir algo en el pizarrón. Maidana debió de dar el tacazo con algún apresuramiento, pues, aunque la carambola era fácil, erró. Todos se rieron. Gauna creyó advertir una indefinida hostilidad general. Maidana recuperó la calma. Se disculpó:

– El gran campeón tiene pulso obediente, pero celoso.

Gauna oyó este comentario de Pegoraro:

– ¿Qué quieren? Aparece de pronto el santo…

– ¿Santo? -Gauna contestó sin enojarse-. Lo bastante para darte la extremaunción.

Previó que averiguar los hechos de la noche anterior no sería tan fácil como había supuesto. No tenía muchas ganas de hacer averiguaciones, ni mucha curiosidad.



22 из 166