Nadie contestó al teléfono, lo que les llevó a la conclusión de que había agarrado una cogorza considerable. El miércoles 27 de octubre, el novio de Yeriómina, Borís Kartashov, telefoneó a la empresa para preguntarles dónde estaba Vica. Después de llamar a las amiguitas de la joven y visitar el apartamento de ésta (Kartashov tenía las llaves), se dieron cuenta de que realmente había sucedido algo. Kartashov fue corriendo a la policía pero allí le dieron la respuesta habitual: no existían motivos de alarma, había que esperar unos días más, era una chica joven, solía emborracharse, no tenía familia a su cargo… Con toda seguridad, volvería a casa sana y salva. Por si acaso, le advirtieron que, de todos modos, no se admitiría la denuncia, pues era la empresa la que tenía que presentarla.

La empresa denunció la desaparición el 1 de noviembre, y dos días más tarde, el 3, Vica Yeriómina fue hallada asesinada en un bosque a 75 kilómetros de Moscú, cerca de la carretera de Savélovo. Según las conclusiones del forense, la muerte no pudo haberse producido antes del 30 de octubre. Dicho en otras palabras, mientras Borís Kartashov removía cielo y tierra, mientras los empleados de la empresa se encogían de hombros y la policía se esforzaba por desentenderse de la denuncia de la desaparición, Victoria estaba viva todavía y, si hubiesen empezado a buscarla a tiempo, quizá la habrían encontrado antes de que fuera asesinada.

Nastia echó en falta varios documentos. Todos los informes redactados después de incoarse la causa criminal habían sido remitidos al juez de instrucción de la Fiscalía de Moscú Konstantín Mijáilovich Olshanski. Lo único que Nastia tenía a su disposición eran copias del expediente de la desaparición, que sólo recogía informaciones obtenidas a partir de la admisión de la denuncia y hasta el momento del descubrimiento del cadáver. No era mucho pero incluso ese minúsculo caudal informativo debía ser analizado a fondo. En la cabeza de Nastia fueron aflorando preguntas y más preguntas.



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