
– Vale, cuenta que a partir de hoy estás reincorporada al trabajo. Ve a ver a Misha Dotsenko, dile que te pase el material sobre el cadáver de Yeriómina. Luego recuérdame que tengo que dar el parte sobre tus vacaciones al Departamento de Personal. Que no se te olvide, si no, perderás estos días. Quién sabe, luego pueden venirte bien.
Nastia fue a ver a Dotsenko, recogió los informes, se encerró en su despacho y se puso a leerlos. El caso fue abierto a partir del hallazgo del cadáver de una mujer joven. La fallecida no llevaba encima documentación ni ningún otro objeto que permitiese establecer su identidad. Había muerto por asfixia, unos cuatro o cinco días antes de practicarse el examen forense. Con el fin de identificar a la interfecta fueron revisadas todas las denuncias de desapariciones de mujeres jóvenes que habían salido de sus casas y nunca regresaron sin que se conociera razón alguna que justificase su ausencia. Entre todas las denuncias fueron seleccionadas las que describían a la desaparecida como una mujer de pelo negro largo y de estatura entre 168 y 173 centímetros. Había catorce denuncias que reunían tales requisitos. Los denunciantes fueron invitados a identificar el cadáver y el noveno de ellos declaró que la fallecida era Victoria Yeriómina, de veintiséis años de edad, empleada de la empresa que éste dirigía. Había sido él mismo quien presentó la denuncia, ya que Vica era huérfana, fue criada en un orfanato y no tenía ni marido ni otra familia. La instrucción del caso se llevó a cabo como consecuencia de la demanda oficial presentada por la empresa donde había trabajado la víctima.
Otros documentos contaban que el lunes 25 de octubre Victoria Yeriómina no se presentó en su lugar de trabajo. Sin embargo, su ausencia a nadie le pareció demasiado preocupante, pues todos sabían que Vica empinaba el codo y solía correrse unas juergas cuyas secuelas luego le impedían acudir al trabajo. Cuando faltó también al día siguiente, decidieron llamarla, por si le había ocurrido algo.
