– En cuyo caso podría tener cerca algunas de sus cosas, adornos y quizás unos cuantos muebles de su piso.

– Preguntaremos por ahí, a ver si alguien sabe de algún lugar bonito.

– De acuerdo. -Patty parecía preocupada-. La enfermedad de mamá es hereditaria, ¿no? Vi algo de eso en la tele.

Jeannie asintió.

– Hay un defecto en el gen AD3, estrechamente relacionado con el inicio del mal de Alzheimer.

Jeannie recordaba que se localizaba en el cromosoma 14q24.3, pero eso sería chino para Patty.

– ¿Significa eso que tu y yo acabaremos igual que mamá?

– Significa que existen muchas probabilidades de que sea así.

Permanecieron en silencio durante un momento. La idea de perder las facultades mentales era algo demasiado funesto para hablar de ello.

– Me alegro de haber tenido a mis hijos siendo muy joven -dijo Patty-. Serán lo bastante mayorcitos para cuidarse por sí mismos cuando me suceda eso a mí.

Jeannie captó un punto de reproche. Lo mismo que la madre, Patty consideraba que había algo reprobable en el hecho de haber cumplido los veintinueve y no tener hijos.

– El hecho de que hayan descubierto el gen es también esperanzador. Eso significa que para cuando nosotras tengamos la edad que tiene ahora mamá, puede que estén en condiciones de inyectarnos una versión alterada de nuestro propio ADN que no tenga el gen fatal.

– Mencionaron eso en la televisión. Tecnología de recombinación del ADN, ¿verdad?

Jeannie sonrió a su hermana.

– Verdad.

– Ya ves que no soy tan tonta.

– Nunca he dicho que lo fueras.

– La cuestión es -articuló Patty pensativamente- que nuestro ADN nos hace lo que somos, de forma que si yo cambio mi ADN, ¿me convierte eso en una persona distinta?

– No es sólo el ADN lo que te hace ser como eres. También influye tu educación, el ambiente en que te has criado. En eso me ocupo.



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