– Vete. -Nasim lo despidió con la mano-. Zarpa de inmediato.

Balkir asintió nervioso y retrocedió un paso.

– Lo traeré. Aunque no quiera venir, lo traeré a la fuerza…

Sus palabras se cortaron bruscamente cuando Nasim le dio la espalda. El hombre solamente intentaba ganar respeto a sus ojos. A la fuerza no tendría más posibilidades con Kadar de las que tenía con Nasim, y seguramente lo sabía.

Pero no tendría que utilizar la fuerza. Kadar iría. No solo por la promesa que había hecho, sino porque sabía lo que le esperaba si no lo hacía. Sinan había perdonado las vidas de lord Ware, su mujer, Thea, y la niña Selene y les proporcionó a todos una nueva vida en Escocia. Nasim había permitido semejante insensatez porque quiso mantener seguro a Kadar hasta que llegara la hora de utilizarlo.

Pero nadie sabía mejor que Kadar que la seguridad otorgada por Sinan podría serle retirada en cualquier momento.

Kadar había mostrado una debilidad desconcertante hacia su amigo lord Ware y un vínculo aún más extraño con la niña Selene. Tales emociones eran comunes en el sendero luminoso, pero no es eso lo que Nasim había enseñado a Kadar.

Parecía que su señor le había echado el lazo, ya que ignoró sus enseñanzas.

La puerta de la fortaleza se abrió y Balkir salió cabalgando por ella. Espoleaba su caballo en una loca carrera montaña abajo. En pocos días estaría en Hafir y zarparía en cuanto abasteciera su barco, el Estrella oscura.

Nasim retornó al sol del poniente. Este había descendido bajo el horizonte casi por completo y la oscuridad lo fue envolviendo. Pero mañana saldría otra vez, haciendo resplandecer todo con su poderío.

Del mismo modo que Nasim.

Su mirada se desplazó al norte, hacia el mar. Kadar estaba al otro lado de esas aguas, en las frías tierras de Escocia, jugando a ser uno de ellos, de los necios, de los inteligentes. Sin embargo, volvería junto a él, solo era cuestión de meses. Nasim había esperado cinco años. Podía esperar un poco más. No obstante una extraña impaciencia comenzaba a sustituir su ira y desesperación. Lo quería de vuelta en ese mismo momento.



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