Myron cerró los ojos.

– Hace cuatro días Clu se enfrentó a Esperanza fuera del despacho. Para ser más precisos en el aparcamiento Kinney. Discutieron.

Se dijeron palabras muy duras y un tanto insultantes. Según los testigos, Clu le dio un puñetazo en la boca.

– ¿Qué?

– Vi a Esperanza al día siguiente. Tenía la mandíbula hinchada. Apenas si podía hablar, aunque así y todo decidió decirme que me metiese en mis propios asuntos. En mi opinión, creo que hubiese sufrido más si varios de los otros empleados del aparcamiento no los hubiesen separado. Al parecer, Esperanza hizo amenazas del tipo te haré-pagar-por-esto-hijo-de-puta-picha- floja mientras les tenían separados.

Myron sacudió la cabeza. No tenía sentido.

– A la tarde siguiente a Clu lo encontraron muerto en el apartamento que alquilaba en Fort Lee -prosiguió Win-. La policía se enteró del altercado anterior. Luego se firmaron una serie de órdenes de registro y encontraron el arma asesina, una pistola de nueve milímetros, en tu oficina.

– ¿En mi oficina?

– Sí, en la oficina de MB.

Myron sacudió la cabeza de nuevo.

– Tuvieron que ponerla allí.

– Sí, quizá. También había fibras que se correspondían con la moqueta del apartamento de Clu.

– Las fibras no significan nada. Clu estuvo en la oficina. Es probable que las llevase él mismo hasta allí.

– Sí, quizá -dijo Win de nuevo-. Pero las manchas de sangre en el maletero del coche de la compañía pueden ser más difíciles de explicar.

Myron casi se cayó.

– ¿Sangre en el Taurus?

– Sí.

– ¿La policía confirmó que la sangre era de Clu?

– El mismo grupo sanguíneo. La prueba del ADN llevará varias semanas.

Myron no podía creer lo que estaba oyendo.

– ¿Esperanza había usado el coche?

– Aquel mismo día. Según los registros de peaje, el coche cruzó el puente de Washington de regreso a Nueva York en menos de una hora del asesinato. Como dije, le mataron en Fort Lee. El apartamento está a unos tres kilómetros del puente.



11 из 286