– Esto es una locura.

Win no dijo nada.

– ¿Cuál es el móvil? -preguntó Myron.

– La policía todavía no tiene uno firme. Pero se han ofrecido varios.

– ¿Cuáles?

– Esperanza es una nueva socia de MB SportsReps. Se había quedado al mando. El primer cliente de la compañía estaba a punto de marcharse.

Myron frunció el entrecejo.

– Un motivo bastante débil.

– Él también acababa de atacarla. Quizá Clu la culpaba por todas las cosas malas que le estaban sucediendo. Quizás ella quería vengarse. ¿Quién sabe?

– Antes dijiste algo de que no quería hablar contigo.

– Sí.

– ¿Así que le preguntaste a Esperanza por los cargos?

– Sí.

– ¿Y?

– Me dijo que tenía el asunto controlado -respondió Win-. También me dijo que no me pusiese en contacto contigo. Que no quería hablar contigo.

Myron pareció extrañado.

– ¿Por qué no?

– No tengo ni idea.

Se imaginó a Esperanza, la belleza hispana que había conocido en los días que actuaba como luchadora profesional con el nombre de Pequeña Pocahontas. Hacía una vida de eso. Había estado con MB SportsReps desde el principio: primero como secretaria y ahora que había acabado abogacía, como socia de pleno derecho.

– Pero yo soy su mejor amigo -dijo Myron.

– Como bien sé.

– ¿Entonces por qué diría algo así?

Win juzgó que la pregunta no requería respuesta. Guardó silencio.

La isla estaba ahora fuera de la vista. En cualquier dirección no había otra cosa que el agua azul del Atlántico.

– Si no me hubiese largado… -comenzó Myron.

– ¿Myron?

– ¿Qué?

– Otra vez te estás lamentando. No soporto los lamentos.

Myron asintió y se apoyó en la madera de teca.



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