Myron se sentó. La voz del piloto sonó en el sistema de megafonía. Se dirigió a ellos por el nombre, y después despegó. Un avión privado. Un yate. Algunas veces era agradable tener amigos ricos.

Cuando llegaron a la altitud de crucero, Win abrió lo que parecía una caja de puros y sacó un móvil.

– Llama a tus padres -dijo.

Myron permaneció callado por un momento. Le invadió una nueva oleada de culpa, que le coloreó las mejillas. Asintió, cogió el móvil, marcó el número. Sujetó el móvil con demasiado fuerza.

Atendió su madre.

– Mamá… -dijo Myron.

Su madre comenzó a llorar. Consiguió llamar a su padre, que cogió el supletorio en la planta baja.

– Papá…

Y entonces él también comenzó a llorar. Llanto estereofónico. Myron se apartó el teléfono del oído por un momento.

– Estaba en el Caribe -explicó-, no en Beirut.

Una explosión de risas por parte de ambos. Después más llantos. Myron observó a Win. Éste permaneció impasible. Myron puso los ojos en blanco, pero por supuesto también estaba complacido. Quéjense todo lo que quieran, ¿a quién no le gusta que le quieran de esta manera?

Sus padres comenzaron una charla insensata; insensata a posta, sospechó Myron. Aunque podían ser unos plastas, sus padres tenían la maravillosa capacidad de saber cuándo no debían preguntar. Consiguió explicar dónde había estado. Escucharon en silencio. Después su madre preguntó:

– ¿De dónde nos llamas ahora?

– Desde el avión de Win.

Ahora exclamaciones en estéreo.

– ¿Qué?

– La compañía de Win tiene un avión privado. Te acabo de decir que él me recogió…

– ¿Estás llamando desde su teléfono?

– Sí.

– ¿Tienes idea de lo que cuesta?

– Mamá…

Pero la charla sin sentido se acabó deprisa. Cuando Myron colgó unos segundos después, se echó hacia atrás. La culpa reapareció como una ducha helada.

Sus padres ya no eran jóvenes. No lo había pensado antes de largarse. No había pensado en un montón de cosas.



15 из 286